domingo, 29 de marzo de 2009



CUENTO DE LOS SERES SIN ALMA


-“Shhhh, cuidado, escóndete aquí”.

-“Cuidado son los seres sin alma. Contén la respiración”.

Se oyen pasos, dos hombres agazapados en la oscuridad. Cogen a alguien que grita hasta que de un golpe se calla. Un cuerpo se desploma. Los pasos se van alejando.

-“¿Han matado a alguien?”

-“No, sólo les cortan las manos”.

-“¿Por qué hacen eso?”

-“Porque son los seres sin alma”.

-“Tenemos que irnos de aquí, pueden volver a pasar”.

-“No, los seres sin alma nos pueden encontrar en cualquier sitio, cuando pasen debemos quedarnos agazapados en la oscuridad lo antes posible y que Dios nos asista”.

-“¿Cómo vivir en la oscuridad?, ¡qué miedo más grande!”

-“¿Y si pierdes la vida?”

-“¿Y si pierdo el alma?”


Navegué sin fin por el mar de sangre sin alma, cuántos seres sin vida me hablaban. Cubriendo el mar se encontraba un árbol gigante y maravillado, que no se podía tocar y su savia era sangre en el mar, muerte infinita de finados muertos de alma.

Cuando terminé la travesía, mi barca se deshizo de temor. Llegué a la ciudad de la miseria. Todas las casas me iban hablando al pasar: “ten cuidado, amigo, ten cuidado, shhhhh. Entra en la casa del espacio azul, allí te refugiarán”. En la casa azul tomé té verde y pena sin fin. También encontré hombres en proyecto y gérmenes de mujer.
Sólo los pájaros de 50 pelajes sabían algo y entonces miraban con nostalgia.

La servidumbre tocaba a su fin y Anastasio Jonás se quedó convertido en un peluche demacrado. Allí comprendí los reproches de embrión y la vieja sabiduría de los fetos; yo, por mi parte, prefería dirigir miradas arcanas.


Vislumbraba la serenidad del aire en los momentos inexistentes, mientras tanto la existencia era desahuciada, hojas formales.

Insinuantes momentos de espera me llamaban desde el sol, yo procuraba olvidarlos, desatentas atenciones. Pregunté a Delfín Destellos por la claridad clara, pero éste se deslumbró y desapareció. La fatalidad amagaba nuevamente en desesperada falta de color lila y lejano. El verde animal fue atacado por sorpresa y reventó pues los seres sin alma habían desafinado el suelo y la clorofila estallaba en sus cerebros. Las rosas verbales degeneraron en planta oscura, el aire destilaba placenta, emotiva frialdad de contornos.

El sol elevaba frecuentes llantos y a continuación se congelaba. No tenía más remedio que continuar mi viaje.

-“No te vayas de aquí, por el camino encontrarás a los seres sin alma, a no ser que tomes la vía recta, la de los temores”.

Tomé la vía de los temores, tenía que encontrar el refugio único de claridad meridiana. Continué por la senda de aura inmersa, inmensa calma. Allí no había temor, la vida era sin sabor, temor en piel.
Allí estaba Clara Clavicordio, que esperando mi llegada se había transformado en vidrio plano consciente. Allí viví 5 años enteros de meditación incandescente.

Pero después de desvivirlos y al cumplir – 6 años de existencia incandescente, me llegó el aviso de falta de vida, tenía que continuar por la vía de los temores. Los temores me saludaron sin temor, prisas de hombre desvivido.

Así que tomé las pisadas circulares de reloj que indicaban la luna descentrada y circulé indistintamente en reflexiones enrarecidas. Cuando miraba hacia atrás no sentía impulso, incluso llegué a caer dentro de desajustadas horas, aunque sobrevivía plenamente agarrado a varios hilos de luces que a veces sonaban.

En uno de los minutos de duración larga, vino a encontrarme Radia Raso que quería compartir lentillas demasiado grandes, pero su camino acababa de empezar e inmediatamente sin terminar la conversación,
Se reclinó en el tiempo, desconociéndome sin remedio. Nunca llegamos a recordarnos.

Tulia Tibia daba muestras de generosidad y ampliaba el camino esférico, pero cuando la seguía se integraba circular y no la reconocía. Me mandó muchas iniciativas, aunque no las podía ver, sostenida en el aire.

Aquella desazón me indicaba llegada inminente y la distribución no era equitativa, de manera que resolví encender diversas ideas que fermentaban en tinta y locura, localidades agrias de la mente.

Ya sentía una especial música de tirón madrugador, entraba en la Población encendida de Velas Naranjas, sombrío sufrir. Me recibió Saturia Saturno, que quería comenzar siempre y se agitaba febril, entonces desbancaba a la naturaleza y yo no me podía resolver.

Saturia Saturno me ofreció alojamientos misteriosos que tomé fuera de la frialdad. En una habitación, una lámpara oscilaba día y noche y me abrace a ella durante días, aunque no podía sentir los alambres. Desde la ventana se vislumbraban sombras,

-Son mías, -me aclaró la lámpara, los seres sin alma no tienen sombra.

Así se sucedieron más y más figuras geométricas. En un momento la realidad era un triángulo que yo percibía en corcheas, la armonía no viobraba rítmica. Sabía que debía continuar mi viaje.

Me instalé cómodamente por las ramas muertas de continuidad, me esperaba Nevia Nieves que se deshizo en cuanto me vio, dejándome nuevamente solo. La soledad, dos días completos, era inolvidable.

-“Shhhh”, me decían los habitantes del entretiempo, no hables demasiado alto, hasta aquí no pueden llegar los seres sin alma. Sigue por la vía de los temores hasta la cúpula rosácea de claridad clara limpia. Si por el camino los encuentras, deja de sentir.

-“¿Está allí el refugio de claridad meridiana?”, pregunté.

-“No, hasta que no traspases la claridad clara no llegarás a la claridad meridiana”.


Pero nunca llegué allí, los seres sin alma me tomaron por el camino y no dejaré de transitar, corazón dolorido, dolor viviente de hombre desmembrado, hombres sin alma y sin tregua evanescente.

Firmado: Elena Pascual

2 comentarios:

spok dijo...

Demoledora, Emocionante, Oscura, Desetabilizadora y Terrorifica.
es como la ensoñación producida por el opio y el terror de las pesadillas sin final, magistral y de una rara belleza

Carlos Berdión dijo...

Estrañas sensaciones se apoderan de mi alienado cerebro, una musa, una diosa, una clásica rosa se transfigura en horror y en pasión...